¿A quién opero? A quienes creo que mi trabajo, que es mi arte, les sumará un plus".

Conocimos a Héctor Valdés Peñailillo (57) el lunes de esta semana, tres horas después de bajar del avión que lo trajo a la capital desde Madrid, recorrido que realiza cada dos meses desde el 2010, cuando se radicó en España junto a su esposa, también doctora, y sus cinco hijos adoptivos, hoy entre los 13 y 18 años.

Afectuoso y relajado nos recibe en su consulta del Hotel Marriot, donde cualquier espera se hace grata entre pinturas y esculturas que delatan el gusto estético de quien quiso ser arquitecto. Hoy, como cirujano plástico, ha dicho que esculpe sobre cuerpos humanos hasta encontrar el punto en que las esperanzas de sus pacientes se unen con las posibilidades de la ciencia.

Fobias y valores

A 47 kilómetros de Madrid, la clínica del Dr. Valdés recibe pacientes de toda Europa y diferentes lugares del mundo. Sus visitas a Chile responden a demandas locales, de Latinoamérica y Estados Unidos. De hecho hasta antes de partir el próximo martes, realizará 25 operaciones.

—¿Es cierto que la cirugía estética es adictiva?

—Hay un trastorno de personalidad llamado dismorfofobia, curiosamente usual en las personas más bellas y exitosas por su físico. Viven los cambios naturales y propios de la edad como una carrera contra sí mismas, que las hace muy desgraciadas.

—¿Qué hace Ud. ante este problema?

—Lo enfrento rápido y al principio. ¿A quién opero? A quienes creo que mi trabajo, que es mi arte, les sumará un plus. Si es alguien que está bien tal como es, o busca en la cirugía estética algo que el quirófano no resolverá, digo no. Y soy conocido por los muchos "no" que reciben quienes acuden a mi consulta.

—Sus hijos e hijas son adolescentes y hoy es usual que los jóvenes pidan como regalo una cirugía plástica. ¿Alguno de sus hijos se lo pidió?

—No se les ocurre, entre otras razones porque con mi señora no hablamos de medicina en casa y sólo ahora, que algunos son más grandes, se enteran que soy cirujano plástico. No queremos marcarlos con el sesgo de seguir nuestra profesión. Creemos que las personas, los jóvenes en particular, deben ir más allá de los estereotipos del consumo. Hablamos mucho con ellos y nos ocupamos de predicar con el ejemplo, para que se quieran a sí mismos no por la marca de la ropa, las cosas que tienen o la obsesión por su físico.

—¿Acepta que su trabajo sea un regalo para adolescentes disconformes con su físico?

—No, a menos que se trate de patologías o defectos que dañan su autoestima, tema preocupante en Chile, porque el bullying no se aborda o es mal tratado por el sistema educativo. Más importante que cualquier ramo es que la educación enseñe a respetar otros y no herirlos por diversión. Eso, que tiene que ver con valores, me parece mal resuelto en Chile.

Críticas y proyectos

—Países como Brasil asumen la cirugía estética como parte de la calidad de vida y la integran en sus políticas públicas. ¿Nuestro sistema de salud da un trato adecuado a su especialidad?

—El sistema de salud en Chile me parece una vergüenza. Ni el sistema público ni el sistema privado satisfacen las necesidades básicas de la población. Ambos desincentivan la entrega de calidad en salud a los prestadores y la búsqueda de atención oportuna a los usuarios. Que una persona con cáncer, o cualquier enfermedad, genere lucro por recibir atención digna, me parece deplorable. El Estado debería absorber las isapres y fondos privados y generar un fondo común, como en Europa, donde todo el mundo, sin importar si es rico o pobre, se preocupa de que el sistema sea óptimo porque beneficia a todos por igual. Lo mismo ocurre con la educación.

—¿Cuándo inaugurará su nueva Clínica?

—El proyecto está listo. Falta que se despeje la incertidumbre económica para que los inversionistas concreten el aporte necesario y arrancar con el proyecto. De mi experiencia anterior aprendí que no llevará mi nombre, para evitar que sus ingresos dependan de mi estadía en Chile, y mantendré la práctica de acoger a personas de bajos recursos sin cobrar mis honorarios.

—Tenía intención de desarrollar allí un posgrado en su especialidad, para lo cual creó un diseño curricular y le faltaba una universidad que lo validara. ¿Sigue en pie ese proyecto?

—Sí, pero no he encontrado quien lo gestione durante mis ausencias del país. La idea me apasiona, porque genera una industria asociada a la práctica de la cirugía plástica. En Brasil, donde me formé, hay desde instrumental médico fabricado allí, hasta congresos de la especialidad con impacto en la hotelería y el turismo. Desarrollarnos en esta área del conocimiento exigiría mejorar nuestro sistema de salud y revisar criterios en mi profesión, ampliando cupos para la formación de especialistas. A los chilenos nos cuesta competir porque nos entrampan criterios egoístas. Formamos pequeños feudos en cualquier área productiva. Debemos unirnos, optimizar lo que hacemos y salir a ‘comernos el mundo' ganando por calidad, en vez de taparnos el paso unos a otros.

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