Lo nuestro (con Pablo) fue muy paulatino y, en ese sentido, más sano".
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"¿Sabes cómo murió mi papá?", pregunta de repente el pintor José Pedro Godoy (30), cuando nos está contando de la fantástica relación de pareja que tenían sus padres, el motociclista Ricky Godoy, conductor del programa "Mototemáticos", del Canal Vive Deportes!, y Pilar Herrera, dueños ambos de la tradicional pastelería Hildegard, de Ñuñoa.

"Fue en un accidente en una carretera en Irlanda. Chocaron en moto, él conducía y murió. Mi mamá saltó lejos, se quebró la muñeca y despertó en un hospital, donde una enfermera le dijo que había quedado viuda. Ella no habla inglés, estaba sola. Fue tremendo. Mis papás eran pareja desde los 16 años. Se complementaban muy bien. Siendo distintos, funcionaban genial juntos. Me encantaba mirarlos; eran un equipo".

Ricky Godoy murió en junio de 2014, cuando José Pedro, su hijo mayor, ya vivía con el escritor Pablo Simonetti (54), al que apreciaba. En la ceremonia con que ambos celebraron su Acuerdo de Unión Civil el 9 de enero, Pablo lo recordó así: "A pesar de ser yo un hombre de su misma edad y de una índole completamente diferente a la suya, me acogió sin el menor recelo desde el primer momento. Quisiera pedirle como regalo que su alegría de vivir no nos abandone nunca".

Esa traumática pérdida, ha contado José Pedro, con su madre desconsolada y sola en un país extranjero, asumiendo dolorosos trámites, lo hizo reflexionar sobre "lo necesario que es para poder hacerse cargo de ciertas cosas que pasan, tener el derecho de ser la voz de la persona con que estás. Tener un lugar principal, no solo en la vida privada, sino también en la vida social".

Eso lo decidió a legalizar una convivencia que ya tenía más de tres años. "Habernos casado (prefiero decir así en vez de ‘unido civilmente', que me parece una majadería) no representa ningún cambio en nuestra relación cotidiana. Este verano acá en la playa, con Pablo escribiendo y yo pintando, como en un retiro, no es distinto a los anteriores que hemos pasado juntos. Lo que sí hace el Acuerdo de Unión Civil es que ordena ciertas cuestiones prácticas. Es un respaldo, que le da formalidad a la decisión de unirte con la persona más importante de tu vida".

—Pablo ha dicho que para ti la homosexualidad fue un regalo por la comprensión de tu familia. ¿Fue todo tan idílico?

—Ser niño y ser gay es una experiencia dolorosa; y todo el proceso que significa salir del clóset, también. Las personas no deberíamos tener la obligación de salir del clóset, pero es así hasta en las sociedades más inclusivas. Mi infancia no fue fácil, pero cuando me acepté como gay, que es algo que primero pasa dentro de uno, y lo empecé a contar, fue un proceso alegre. Esa felicidad se debió al apoyo de mi familia y también a que estaba rodeado de mucha gente comprensiva y cariñosa. Dos de mis amigas más cercanas eran lesbianas, por lo que fue un proceso que pude vivir acompañado, y eso ayuda mucho.

Salió del clóset el 2002, cuando tenía 16 "y no había tanta apertura con el tema como ahora". Cree que hoy esa debe ser una edad común para asumir y reconocer la homosexualidad. Y agrega: "Me gusta ser gay, me libera de muchas reglas y estructuras. Siento que, entre otras cosas, me da un punto de vista y me da pertenencia. Esto no evita, sin embargo, que uno siempre va a estar expuesto a ser discriminado, por gay o por cualquier otra cosa".

—Llama la atención que siendo motoquero, una afición que se asocia a hombres rudos y machistas, tu papá te haya aceptado sin juzgarte…

—Mi papá era una persona muy libre y difícil de clasificar. Y al mismo tiempo era muy simple: entendía la diferencia entre las cosas que valen la pena y las que no. Es curioso que llame la atención que un papá no juzgue a su hijo gay, y que la regla sea que le deje de hablar o lo mande a terapia o se sienta decepcionado. Tuve suerte, sí, pero creo que el apoyo, la contención y el cariño es lo mínimo que se puede esperar de los padres.

La Virgen María con tacos

José Pedro es menudo, de ojos claros, piel pálida y pelo castaño. Buenmozo. Muy parecido físicamente a Ricky, su papá. "Me gusta tener las uñas muy cortas, como a él", comenta, deteniéndose en un detalle. En lo sustantivo, cree que entienden la vida de manera similar: distinguiendo lo que vale la pena de lo que no. Y comparten la misma libertad.

Cuando José Pedro tenía 8 años, los Godoy Herrera se instalaron en Pirque, donde vivió hasta los 18, por lo que su mundo "era muy campestre". Fue a un colegio en Las Vizcachas y sus compañeros eran de por ahí mismo, de Pirque y del Cajón del Maipo.

Por su talento e interés por el dibujo, sus papás le regalaban pinturas y pinceles. Pero fue Isaías, su abuelo paterno, que era relojero y artesano además de pintor, quien más influyó en su vocación. "Aprendí harto de él. Fue quien me acercó al arte. De niño, pasamos mucho tiempo juntos, especialmente en los veranos, en Isla Negra, donde vivía. Eran días tranquilos: dibujábamos, pintábamos, jugábamos en las rocas, recogíamos piedras y conchas. Mi abuelo murió cinco meses antes que mi papá, por lo que su recuerdo todavía está muy marcado por el duelo que he vivido el último tiempo".

—¿Cuál es tu relación con Dios?

—No soy religioso, aunque vengo de una familia católica. De niño era fanático de una Biblia infantil ilustrada. Durante Navidad y en Pascua de Resurrección me volvía loco dibujando pasajes bíblicos y siempre hacía a la Virgen María muy pechugona y con tacos, aunque estuviera atravesando el desierto. Nunca le entendí el sentido a la misa, ni a la confesión, ni a nada de eso. Lo que me queda de católico es que soy culposo.

Entró a estudiar a la Escuela de Arte de la Universidad Católica. No sabe por qué, ya que siempre pensó que elegiría la Chile. Pero no se arrepiente. Allí se encontró con Alejandra Wolff, profesora que fue fundamental en su formación y que hoy es su gran amiga, y entabló varias otras relaciones de amistad que mantiene hasta hoy.

En la universidad descubrió que su celebrado talento para el dibujo palidecía frente al de varios de sus compañeros. "Quizás tenga ciertas habilidades innatas, pero son muy inferiores a las del promedio de alumnos que entran a estudiar Arte. Sin embargo, practicando, trabajando y buscando formas de simplificarse las cosas, es posible progresar y llegar a parecer muy virtuoso. Aunque yo pueda parecerlo, la verdad es que pinto todos los días, y todos los días me cuesta mucho".

El hombre desnudo

Aunque en rigor están de luna de miel en la casa que Pablo tiene en Zapallar y permanecerán aquí hasta mediados de marzo, José Pedro pinta 8 horas diarias sin respiro, tal como hace el resto del año en su taller de Santiago. Es disciplinado y limpio. No ensucia nada. "Una amiga dice que es como si pintara con la mente".

Su pintura, hiperrealista en la forma, aunque onírica y sensual en el contenido, más de una vez ha motivado alusiones a la obra de Claudio Bravo, a lo que responde medio ofendido. "No basta con pintar bien; es mucho más importante entender cómo una forma de pintar determina una imagen. Son muchos los pintores que ‘no pintan bien' desde un punto de vista académico y tradicional, pero que hacen muy buenos cuadros. Nadie puede decir que Claudio Bravo sea mejor pintor que Francis Bacon, por ejemplo", dice, y declara que el mejor artista vivo es el inglés David Hockney, famoso por sus desnudos masculinos y sus piscinas acrílicas y pop.

—Tus pinturas son eróticas, casi porno, para algunos, que pueden sentirse violentados al ver a amantes homosexuales desnudos. ¿Alguien ha descalificado tu obra por esta razón?

—Me interesa el erotismo, y creo que es muy difícil que la pintura logre ser pornográfica, por lo menos en un sentido literal. Cuando alguien encuentra porno lo que pinto, dudo de que esa persona sepa de qué está hablando. Si uno mira la historia del arte, se puede dar cuenta de que existe una tradición en que la mujer es el objeto de deseo; y el hombre, el portador de la mirada. Casi siempre las imágenes de hombres desnudos tienen otro sentido: representar fuerza, heroísmo, liderazgo o, por el contrario, debilidad o humillación. Por eso, entender el cuerpo masculino como sujeto erótico todavía parece novedoso y puede resultar incómodo. Pero obviamente algo está cambiando. Ha habido varias exposiciones que han tratado el tema del desnudo masculino. Hace un par de años vi una en el Museo d'Orsay, "Masculin masculin", que ordenaba las obras de acuerdo a las distintas posibilidades de representar al hombre desnudo. El tratamiento del hombre desnudo como objeto erótico correspondía a una minoría entre el total de las obras.

El pintor rechaza la idea de "arte gay" como un género, porque no es equivalente a lo que sería la ciencia ficción o la novela rosa en literatura. "El arte gay es un lugar cultural. Un punto de vista. Me cuesta definirlo como algo concreto, pero es un hilo que une la obra de artistas tan diferentes como Oscar Wilde, Paul Cadmus, Luchino Visconti, Manuel Puig, Francis Bacon, Félix González Torres".

Lentejas y lechuga

Cuando conoció a Pablo, aunque sabía quién era, no había leído ninguna de sus novelas. Una amiga, la artista Margarita Dittborn, estaba empecinada en presentarlos, pero no fue amor a primera vista. "Lo nuestro fue muy paulatino y, en ese sentido, más sano".

Dueño de un sentido común que sorprende en un artista, el pintor es un entrevistado que se niega a responder preguntas que le parecen un sinsentido o cuya lógica no comparte, como si habrá diferencia entre ser gay ABC1 o serlo en un ambiente pobre y marginal. "No sé qué decir al respecto", comenta, mientras no tiene problemas en contar que hoy almorzaron lentejas y ensalada de lechuga, que Pablo es el que cocina y él quien lava los platos. Que no se cuida mucho físicamente. Que es poco consumista y que sus gastos tienen que ver con compra de materiales y pago de modelos para sus obras. Que el rol de la Fundación Iguales le parece admirable, así como los progresos que ha habido en materia de no discriminación en el último tiempo, aunque su participación se reduce a recolectar algunas obras y donar algo suyo para la subasta anual de recaudación de fondos. "Ah, y Pablo dice que también contribuí aguantándolo en los años que fue presidente".

"La razón de los amantes" y "La soberbia juventud" son las novelas que más le gustan de Simonetti, ahora que las ha leído todas. La segunda alude a un tema que tampoco le parece relevante: los 24 años que lo separan de su pareja. "Para mí, esa diferencia no es tema. No es algo que me impida vivir lo que quiero vivir".

Exposición en diciembre

30 pinturas en

el Bellas Artes

Su muestra no tiene aún nombre, pero será grande: unas 30 pinturas de diversos formatos, incluyendo una de 12 por 3 metros. Ocupará 3 salas y 2 rotondas del Museo de Bellas Artes y la inauguración está programada para la primera semana de diciembre de este año.

"Va a haber más presencia de figura humana, la mayoría de las veces en situaciones eróticas. Los colores y composiciones son exagerados, con un sentido melodramático, que es el punto de partida del proyecto", afirma. Hay referencias diversas, muy pop, la mayoría: "Un par de teleseries de las que me hice adicto", escenas de "Los Caballeros del Zodíaco", pinturas de Rubens y Murakami. "Todavía no tengo muy claro cuál va a ser el resultado de todo esto, porque trabajo los cuadros al mismo tiempo y son muy pocos los que están terminados". Sí considera que éste es su proyecto más ambicioso, por cantidad de obras, superficie de la muestra, tiempo dedicado y porque incluirá la publicación de un libro monográfico de su trabajo.

Luego, en marzo de 2017, expondrá en Miranda Bosch, la galería que lo representa en Buenos Aires. "Después de eso, no hay nada concreto hasta ahora. Los últimos años han sido muy intensos y me gustaría tener un tiempo tranquilo, sin la presión de trabajar para algo específico".

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